¿El futuro de la piel se halla oculto en la tierra roja?
UNA PRÁCTICA ANTIGUA PARA UNA CRISIS MODERNA
Por Beatrice Mwasi – Directora General, Centro para la Innovación y Formación Empresarial (CBiT)
27th enero 2026
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La moda tiene hambre de sostenibilidad. Festeja el diseño circular, experimenta con nuevos biomateriales y promueve la artesanía patrimonial como herramienta de comercialización. Sin embargo, uno de los legados tradicionales de curtido más circular y rico, que aún está vivo en partes del sur de África, rara vez aparece en estas conversaciones. Esta práctica se llama curtido letsoku, y no utiliza más que arcilla, agua y aceite para conservar y teñir las pieles en tonos llamativos de rojo.
“El curtido letsoku no es solo técnica. Es identidad.»
Entre los pueblos Sotho–Tswana y San, el letsoku es más que técnica. Es identidad. El color vivo de la arcilla tiene un significado ceremonial, aparece en prendas, símbolos de estatus y cosméticos protectores. Llevar pieles curtidas con el método letsoku no solo es práctico, sino simbólico, una expresión de pertenencia, historia y continuidad.
La ciencia detrás de este oficio es notable. El letsoku es rico en óxidos de hierro hidratados que retrasan las enzimas naturales que descomponen las pieles. En otras palabras, hace químicamente lo que los conservadores industriales están diseñados para hacer, pero con la propia tierra. Aplicado sobre una piel, preserva, suaviza y colorea, todo en un solo paso. Cuando se combina con grasas o aceites animales, también proporciona resistencia al agua. El proceso no requiere aditivos externos, ni maquinaria compleja ni productos químicos importados. Cada paso — cavar, moler, mezclar, frotar, ablandar — se realiza a mano, produciendo pieles que llevan la marca tanto del fabricante como de la tierra.
“Esta arcilla preserva, suaviza y colorea en un solo paso—la tierra hace el trabajo de la química.”
El resultado es piel que es a la vez duradera y hermosa. Cada pieza tiene su propio brillo rojo, imposible de sistematizar, pero que se reconoce al instante, vinculando el producto al lugar de una manera que el curtido industrial no puede. Esta singularidad no es un defecto, es una fortaleza. En un mercado saturado de materiales uniformes, el letsoku ofrece carácter, autenticidad y una historia que resuena con los consumidores que valoran cada vez más la procedencia y la artesanía.
Nada de esto disminuye el papel del curtido a gran escala. Los métodos industriales aseguran que el mundo reciba los volúmenes de piel que los mercados modernos requieren. Logrando la producción de los zapatos, bolsas y tapicería que los consumidores dan por hecho. Pero sistemas patrimoniales como el letsoku amplían los horizontes del sector. Demuestran que la piel también puede tener un significado cultural, traer equilibrio ecológico y resistencia artesanal. Los dos métodos no entran en conflicto; se complementan, cada uno muestra un aspecto diferente de lo que puede ser la piel.
“Cada piel tiene su propio brillo rojo, vinculando el producto con el lugar de una manera que el curtido industrial no puede.”
Sin embargo, esta tradición es frágil. El curtido por letsoku es lento y está ligado a una geología específica, lo que limita su propagación. Las generaciones más jóvenes pueden verla como algo anticuado. Sin reconocimiento e inversión, tales prácticas corren el riesgo de perderse y, con ellas, una conocimiento cultural y ecológico insustituible. Mantenerlos requiere un esfuerzo deliberado: formar a nuevos artesanos, fomentar la cosecha sostenible de arcilla y plantas y crear espacio para estas pieles en mercados que valoran la autenticidad y el patrimonio.
La lección del letsoku es sencilla pero profunda. La sostenibilidad no siempre consiste en inventar algo nuevo. A veces se trata de respetar lo que ha perdurado. El debate sobre la sostenibilidad en la moda privilegia la novedad con demasiada frecuencia, las pieles cultivadas en laboratorio, los sustitutos sintéticos y las soluciones de alta tecnología, al tiempo que pasa por alto prácticas que han resuelto de manera callada los mismos problemas durante siglos. Letsoku nos recuerda que trabajar con sistemas naturales puede ser tan efectivo como intentar reinventarlos.
“Los dos métodos no entran en conflicto; son complementarios, cada uno muestra una aspecto diferente de lo que puede ser la piel.”
El sector delapiel tiene espacio tanto para la innovación como para la herencia. El cromo y el curtido vegetal seguirán satisfaciendo la demanda mundial. Pero las artesanías tradicionales como el letsoku ofrecen inspiración y equilibrio. Nos recuerdan que la piel no es solo un material medido en pies cuadrados. También es una relación entre las personas, la tierra y la cultura.
“En el brillo rojo de una piel curtida con el método letsoku no yace la nostalgia, sino la posibilidad.”
La cuestión es si la moda seguirá tratando tales tradiciones como reliquias o las aceptará como soluciones vivas. En el brillo rojo de una piel curtida en letsoku no yace la nostalgia, sino la posibilidad, evidencia de que el futuro de la piel puede, literalmente, estar arraigado en la tierra que pisamos.
¿Qué es el curtido letsoku?
El material: El letsoku es una arcilla color ocre o natural rica en óxidos de hierro hidratados.
El proceso: Se extrae arcilla, se muele, a veces se calienta y luego se mezcla con agua o aceites. Las pieles preparadas se frotan o remojan en la mezcla y se ablandan a mano a medida que se secan.
La ciencia: Los óxidos de hierro reducen las enzimas que degradan el colágeno, preservando las pieles y añadiendo un tono rojo permanente. Mezclado con grasas, el letsoku también mejora la flexibilidad y la resistencia al agua.
La cultura: Entre los pueblos Sotho–Tswana y San, el rojo vivo del letsoku está ligado a la ceremonia, la identidad y la pertenencia.
El valor: El curtido Letsoku es a pequeña escala, rico en patrimonio y con raíces ambientales, complementando los métodos industriales que suministran piel a los mercados mundiales.